Microrelatos

Chocolate caliente

Después de pasar toda la tarde correteando por el casco antiguo de la ciudad y charlando a trompicones, ambas agradecimos poder sentarnos y charlar con calma. Elegimos una mesa apartada en una cafetería antigua que nos habían recomendado y pedimos dos chocolates bien calientes. Fuera hacía ya un poco de frío a esas horas, pero dentro la cafetería la temperatura era muy agradable, tanto que dejamos las chaquetas que nos sobraban ya sobre una silla.

El camarero no tardó en traernos las tazas de chocolate humeantes, que tomamos rápido con las manos frías para templarlas hasta que retornaron a su temperatura habitual. Comenzamos golosas a tomar el chocolate, primero con timidez y después con un poco de picardía. Tras ver restos de chocolate en la comisura de sus labios, me relamí instintivamente para limpiar posibles restos en los míos, y limpié los suyos con mi dedo índice. Ella miró sonriente como lamía mi dedo con gula y deseo. Su mirada fue el acicate que necesitaba para besar dulcemente sus labios y recorrerlos con mi lengua en busca de más chocolate.

Al fondo de la barra, Él observaba complacido nuestros besos, sin intervenir hasta estar seguro de que habíamos vaciado nuestras tazas y encendido nuestro deseo.

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